La importancia del diagnostico diferencial entre la enfermedad crónica intestinal (IBD) y el linfoma digestivo canino

29mayo

La importancia del diagnostico diferencial entre la enfermedad crónica intestinal (IBD) y el linfoma digestivo canino

Actualmente, la enfermedad crónica intestinal, más conocida por el acrónimo ingles de “IBD” (inflammatory bowel disease), se considera una de las causas más frecuentes de diarrea y vómito crónicos en el perro. Uno de los retos más importantes es su diferenciación, cuando se trata de un IBD grave, con el linfoma intestinal. Ambas enfermedades comparten sintomatología clínica, que incluye, fundamentalmente, vómito crónico, diarrea crónica, pérdida de peso y alteraciones del apetito. El protocolo diagnóstico es, por tanto, muy similar en ambas, de manera que la exploración física, y los hallazgos en ecografía, analítica sanguínea o endoscopia son de muy poca utilidad en su diferenciación. El diagnóstico de estas enfermedades implica, necesariamente, el estudio histopatológico de biopsias intestinales, cuya interpretación puede resultar muy compleja tanto para clínicos como para patólogos. Sin embargo, el diagnóstico diferencial es crucial, ya que de él depende el tratamiento y pronóstico del animal. Los linfomas intestinales de tipo difuso, especialmente los linfomas T-intestinales, se acompañan, muy frecuentemente, de lesiones inflamatorias, de manera que podemos observar cambios inflamatorios superpuestos o adyacentes a las zonas neoplásicas; esto dificulta el diagnóstico, pudiendo llevar a un diagnóstico erróneo de IBD. Por otro lado, se han descrito cambios neoplásicos en células aisladas, aunque la imagen general sea la de una lesión benigna.

A todo esto se suma la difícil estandarización de los parámetros histológicos de ambas enfermedades, dando lugar a grandes inconsistencias en la interpretación de biopsias endoscópicas por diferentes patólogos experimentados. A este respecto, en los últimos años se han realizado diferentes estudios, tratando de consensuar una serie de parámetros para su uso a nivel internacional en la enfermedad inflamatoria crónica intestinal. No debemos olvidar que, muchas veces, las diferencias entre ambas enfermedades son tan sutiles que han llevado a sugerir la posible evolución de IBD a linfoma intestinal.

IBD (Enfermedad crónica intestinal)

DEFINICIÓN

La enfermedad crónica intestinal (IBD) es un síndrome de inflamación intestinal idiopática. Se trata de una enfermedad característica de perros de edad media o avanzada, en la que no existe una predisposición sexual conocida, y tampoco una clara predisposición racial, pese a que algunos autores sugieren una mayor frecuencia de presentación en la raza Pastor Alemán. Puede presentarse tanto en perros como gatos, siendo más frecuente en la especie canina y puede afectar a cualquier porción del tracto digestivo. Aunque la causa es desconocida, puede deberse a una respuesta intestinal genérica frente a antígenos bacterianos y/o dietéticos.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS

Los signos clínicos asociados a la IBD son fundamentalmente vómitos, diarrea, pérdida de peso y alteraciones del apetito, en un cuadro generalmente crónico, aunque algunos perros solo presentan pérdida de peso con heces normales. La enteropatía perdedora de proteínas es frecuente en perros que presentan las formas más graves.

Cuando además se ven afectadas porciones de intestino grueso puede causar diarrea con o sin sangre o moco; sin pérdida de peso apreciable. En general, estos perros están sanos a excepción de la presencia de heces blandas.

LINFOMA DIGESTIVO

DEFINICIÓN

El linfoma digestivo primario es el más frecuente en el tracto gastrointestinal canino, aunque éste también puede estar afectado por el linfoma multicéntrico con afectación digestiva

La etiología del linfoma canino es desconocida. Se barajan una serie de factores predisponentes. Entre ellos encontramos factores genéticos y otros factores que incluyen la exposición a ciertos herbicidas, campos magnéticos de baja frecuencia y alta intensidad o la residencia en áreas industriales.

En el caso del linfoma digestivo o alimentario, se ha observado de manera frecuente que el linfoma intestinal canino estaba acompañado o precedido por una enteritis crónica linfoplasmocitaria de carácter grave (IBD), lo que sugiere una posible evolución de una a otra enfermedad. Esto ha sido observado también en el gato.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS

Los signos clínicos más frecuentes en los perros con linfoma digestivo varían desde síntomas inespecíficos como anorexia o letargia, hasta signos digestivos más graves que incluyen pérdida de peso, vómitos, diarrea, y melena. Cuando se encuentran afectados tramos de intestino grueso puede aparecer también tenesmo y disquecia. En la exploración física es común encontrar engrosamiento de las asas intestinales, linfadenopatías mesentéricas o dolor a la palpación abdominal, o mucosas pálidas. Generalmente, se trata de síntomas crónicos, que responden mal a tratamiento sintomático.

En la analítica sanguínea podemos encontrar anemia, debida generalmente a un sangrado digestivo, y/o leucocitosis con neutrofilia, que suele asociarse a lesiones erosivas o ulcerativas intestinales, o a un sobrecrecimiento bacteriano secundario. Además, en la bioquímica sanguínea puede aparecer hipoproteinemia, debido a una enteropatía perdedora de proteínas.

DIAGNÓSTICO PARA AMBAS ENFERMEDADES

Con el fin de unificar criterios en la valoración clínica de estas enfermedades en el perro, y de otorgarles una gradación, se han propuesto varios índices de actividad clínicos.

Al igual que en el linfoma intestinal, en la IBD es muy frecuente la presencia de hipoproteinemia, que se ha asociado con un peor pronóstico de la enfermedad. Se ha descrito la presencia de hipoproteinemia hasta en un 65% de los casos de IBD. En la IBD la mayoría de autores coinciden en que lo más frecuente es que no se presenten alteraciones en el hemograma, aunque podemos encontrar anemia, reflejo de inflamación crónica o de la pérdida de sangre con las heces, o leucocitosis con neutrofilia, hallazgos también presentes en el linfoma intestinal. Hay autores que indican una frecuencia considerable de alteraciones inespecíficas en el hemograma de perros con enfermedad inflamatoria crónica intestinal.

consejo pre anestesiaEl diagnóstico de IBD es un diagnóstico de exclusión, y requiere la utilización de un protocolo diagnóstico. El diagnóstico clínico de IBD se basa en la presencia de signos gastrointestinales persistentes (de más de tres semanas de duración), la imposibilidad de encontrar otras causas para los signos clínicos, y la confirmación histopatológica de un infiltrado inflamatorio intestinal. En cuanto al diagnóstico por imagen, la radiología no ofrece muchos datos específicos para esta enfermedad, es de más ayuda para la evaluación de desórdenes extra-intestinales que causan gastroenteritis. La ecografía abdominal es más adecuada para la valoración de enfermedades que afectan de forma difusa a la mucosa intestinal, como es el caso de IBD y, en ocasiones, del linfoma intestinal. El aspecto ecográfico de IBD y linfoma intestinal puede, frecuentemente, superponerse, cuando se trata de un linfoma difuso. Sin embargo, existen hallazgos más frecuentes en una que en otra enfermedad, y la correcta interpretación de los datos ecográficos nos puede ayudar a orientar el diagnóstico. La ecografía permite la valoración del grosor de la pared intestinal, así como de linfadenopatías mesentéricas, que pueden encontrarse tanto en el linfoma como en el IBD.

El diagnóstico del linfoma intestinal se basa en el estudio histopatológico de biopsias intestinales. Antes de realizar la toma de biopsias debe seguirse un protocolo diagnóstico que es muy similar al que se utiliza para la enfermedad inflamatoria crónica intestinal. En primer lugar, hay diferentes patologías que pueden cursar con unos signos clínicos iniciales similares a los que se observan en el linfoma alimentario canino. Por ello, es esencial realizar un protocolo diagnóstico completo y sistemático para descartar una serie de patologías.

Entre las alteraciones más frecuentes en el hemograma en los pacientes con linfoma gastrointestinal está la presencia de anemia, normocítica, normocrómica regenerativa, reflejo de las úlceras digestivas y la pérdida de sangre con las heces. Es frecuente también la presencia de hipoproteinemia. En el linfoma alimentario canino se considera la alteración bioquímica más frecuente, apareciendo el 61-80% de los casos.

En cuanto al diagnóstico por imagen, la radiología no ofrece muchos datos específicos para esta enfermedad. Se utiliza preferentemente para descartar otras alteraciones, más que para diagnosticar esta patología en concreto. La ecografía abdominal es más adecuada para la valoración de esta enfermedad. Es importante para orientar el diagnóstico, y también para determinar la extensión del proceso, ya que pueden revelar la afectación de ganglios mesentéricos y sublumbares, así como del bazo y del hígado.

En cualquier caso, para el diagnóstico, tanto del linfoma intestinal como del IBD, es necesario el estudio histopatológico de biopsias que sean adecuadas y representativas. Éstas pueden obtenerse mediante endoscopia digestiva superior.

TRATAMIENTO MÉDICO Y PRONÓSTICO PARA AMBAS ENFERMEDADES

Cuando hablamos del pronóstico de la enfermedad inflamatoria crónica intestinal canina hemos de tener en cuenta de que se trata de una enfermedad que no tiene cura; pero, a pesar de eso, en la mayoría de los casos el pronóstico es favorable, ya que se consigue una mejoría de los signos clínicos.

Las dietas de eliminación y los antibióticos normalmente se deben incluir en el tratamiento terapéutico en el caso de que la IBD sea debida a una intolerancia alimentaria y/o a un sobrecrecimiento bacteriano. La instauración de otros tratamientos depende de la gravedad del cuadro. Muchos perros que inicialmente son diagnosticados de IBD no complicada responden a dietas hipoalérgicas, dietas suplementadas con fibra y/o tilosina. En caso de la presencia de IBD severa la utilización de sulfasalazina, mesalazina y olsalazina obtiene buenos resultados. Los corticosteroides y/o el metronidazol pueden ser eficaces por si mismos o pueden permitir disminuir las dosis de sulfasalazina necesaria para que sea eficaz.

El tratamiento, médico y dietético, debe mantenerse durante largos períodos de tiempo, o incluso de por vida. Entre los factores que pueden influir en el pronóstico de esta enfermedad se encuentran la gravedad del infiltrado, la condición corporal del animal o el índice de actividad.

En el caso del linfoma canino, el tratamiento es, en todos los casos, con fármacos quimioterápicos, no iguales para todos los pacientes, bien utilizando un único fármaco, o bien combinados, existiendo varios protocolos estandarizados. El linfoma digestivo puede tratarse mediante resección quirúrgica si aparece en forma de masa única, siempre seguido de quimioterapia adyuvante postquirúrgica.

Se considera que afectan negativamente al pronóstico de los perros con linfoma la presencia de signos sistémicos como hipercalcemia, afectación de ganglios mediastínicos, e inmunofenotipo T. La edad y la raza no afectan a la duración de la remisión, ni de la supervivencia. Los dos factores más correlacionados con el pronóstico son el inmunofenotipo y el subestadío de la clasificación de la OMS.

 

 

Publicado por CVMedican  Publicado el 29 May 
  • IBD, Linfoma
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